18. Viaje de egresados en el selva

Nos pusimos las botas altas y los impermeables y nos adentramos por un sendero barroso. A ambos lados, plantas, árboles, arbustos, lianas y más plantas. La Amazonía ecuatoriana es una selva de montaña y el camino, lleno de subidas, bajadas era trabajoso. Había hecho bien en no llevar la Canon , un peso adicional para saltar obstáculos.

Al rato de caminar, nos detuvimos. A través de la fila me llegó una bolita de barro. La examiné y sin encontrarle nada en particular, la tiré. Minutos después vuelve a llegarme otra por lo que pregunté al guía para qué era eso. Para ponértelo en la cara, me respondió. ¿Qué? El barro amazónico tiene propiedades humectantes, de protección solar y aleja a los insectos, dijo. Yo ya me había puesto mi crema Eucerin, el repelente con DEET que me recomendó el infectólogo y la pantalla 50 de La Roche, así preferí pasar de la experiencia. Mis compañeros veinteañeros se entusiasmaron con la idea y se embadurnaron la cara.

Al rato, nueva detención. La propuesta era tomar la hoja de un helecho, sacarle todas las hojas de un lado y usar el resto para armar una vincha vegetal que hiciera juego con el barro de la cara y la tintura roja que les habían puesto en la cabaña de la comunidad. También pasé de este nuevo aditamento.

Finalmente llegamos a una cascada paradisíaca. Me sentí metida en una película (o un documental de Nat Geo). Esos lugares existían realmente. Mis compañeros, que llevaban traje de baño, se zambulleron. La que me vendió el tour se le había olvidado el detalle, así que me contenté con mirar mientras la bruma de gotas me salpicaba. Fue un momento mágico.

Al regreso pasamos por un mirador

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17. A la selva

Uno de los monos nos quiso acompañar en la chiva, pero lo devolvieron a la reserva, volvieron a poner la música y seguimos viaje. Cruzamos el río Puyo y entramos en la selva amazónica. Del otro lado del puente vive una comunidad originaria cuya visita estaba incluída en el tour.

Puente sobre el río Puyo y vista de la comunidad

Cómo se llamaba esa comunidad, se los debo. Al igual de cómo vivían o cuáles eran sus costumbres. Me imagino que en alguna época el tour debía haber incluído ese tipo de información etno-turística, pero para cuando yo fui la actividad se había ido decantando hacia su verdadera esencia: visitar una gran choza donde se exhibían las artesanías a la venta mientras nos pintaban la cara con algo rojo. Mis compañeros de viaje, que rondaban los viente años, aceptaron con entusiasmo. Yo me negué. Sin embargo, la guía insistió hasta que consiguió que accediera a teñirme una mecha de pelo.

Chicos de la comunidad ¿¿?? jugando al fútbol

A continuación remontamos el río en una canoa.

Me encantaría poder decirles que la foto está sobreexpuesta a propósito, con alguna intención artística, pero no. Quedó así porque creí que estaba sacando fotos en automático cuando en realidad la cámara había quedado en manual (ajustada para un ambiente más oscuro). Digamos que vale como testimonio.

Cuando bajamos de las canoas fuimos a almorzar y de ahí nos llevaron a nuestro alojamiento en la selva.

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16. Ruta de las Cascadas

En la agencia de viajes nos hicieron probar unas botas de lluvia altas hasta las rodillas y nos dieron unos impermeables amarillos. Se suponía que recién los íbamos a necesitar en la selva, por lo que fueron cargados en la chiva y partimos por la Ruta de las Cascadas.

Busqué una foto en el web para mostrarles una chiva. Yo no tenía idea de cómo eran hasta que subí a una

En la chiva quedé situada al lado de una parejita de compatriotas, ella cordobesa y él salteño. Iban muy bien equipados para el viaje y hasta me ofrecieron queso untable para mejorar el sandwich reseco que nos dieron. Pero, el problema no era la comida sino la música. Como había aprendido en esos días, en Ecuador no se concibe un medio de transporte en silencio. Tampoco piensen en una agradable música funcional. Es música a un volumen imposible de ignorar. Si embargo, el paisaje espectacular y mis expectativas hicieron alegre el viaje.

Al rato, paramos en una reserva de monos. Allí se rehabilitan animales rescatados de situaciones de maltrato en cautiverio.

Un mono despiojaba a uno de perros que también viven ahí

Mono robando comida 

Y disfrutando de su botín

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15. Primer día en Baños

Para cuando volviera de Ecuador, tenía pendientes un viaje a Mendoza con mis hijas y otro a Salta con Ana. Por lo tanto, la activación en “modo ahorro” se intensificó. Por Trip Advisor encontré un hostal de diez dólares diarios con muchos reportes entusiastas. No me decepcionó a pesar de que, para llegar a mi habitación, tuve que saltar a través de las mochilas que clones de Hija Mayor habían dejado tiradas en el piso . Pero mi cuarto estaba limpio, tenía una cama, una mesa, una silla y un baño para mí sola. Por lo que había pagado rozaba lo maravilloso.

En la terraza del hostal funcionaba un comedor donde se servía el desayuno. Durante el día quedaba una heladera con bebidas y los elementos para hacer café. El sistema era sencillo y absolutamente contrario a los usos y costumbres porteños. Cada uno sacaba lo que quería y lo anotaba en un cuaderno. Se pagaba todo junto al dejar el hostal. Me parecía increíble que ese sistema funcionara, pero me imagino que si lo mantenían , así debía ser. Desde esa terraza, la vista era un placer.

Dejé mis cosas y me fui a conocer el lugar. Encontré un sendero turístico y comencé a subir al mirador.

No tardé en darme cuenta de que si bien la altura de Baños (unos 1800 m) era menor que la de Cuenca, seguía siendo excesiva para mí. Me agité llegando al mirador y allí me quedé contemplando el pueblo y jurándome intentar mantenerme  en terreno plano de ahí en más.

De vuelta al hostal, pasé por la recepción y pedí que me contactaran con alguna agencia que organizara tours a la selva. Minutos después, una mujer golpeaba la puerta de mi habitación.
- Estamos saliendo mañana a la selva. El tour es de dos días y una noche. Vamos por la Ruta de las Cascadas en chiva y nos alojamos una noche en la selva. Las cama tienen mosquitero. Son cien dólares.
- Está bien ¿Y qué tengo que llevar?
- Nada. Solo una muda más de ropa. Nosotros les damos las botas de caucho y el impermeable.
- ¿Y qué tipo de ropa llevo?
- Puedes ir con eso que tienes puesto.

Eso eran unos pantalones largos de tela liviana, zapatillas y una remera/sudadera/ camiseta de mangas cortas. Qué sencillo, ¿no?

¡Genial! ¡Al día siguiente partía hacia la selva amazónica!

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14. A Baños

Ubicada en un valle con cascadas y aguas termales, al lado del volcán Tungurahua, Baños es la ciudad más turística de Ecuador y me provocaba grandes expectativas. Había leído muchas descripciones entusiastas de sus bellezas. Parecía ser un lugar que conjugaba hermosos paisajes con la posibilidad de practicar deportes de aventura. Por otra parte, al estar situada en la transición entre la Sierra y la Amazonía, desde allí partían tours a la selva amazónica.

Me gustaba la idea de viajar en un bus local y conocer un poco más el interior del país. La última fila de asientos estaba libre y me acomodé soñando con la Ruta de las Cascadas. El conductor había puesto música y por cierto, bastante más fuerte de lo que hubiera preferido, pero estaba feliz por emprender el viaje y por la buena ubicación que había conseguido. Sola en la última fila, a lado de la ventanilla y con lugar para desplegar mis cosas.

Al rato, el bus salió de la terminal y pronto dejé de estar sola. Cada vez que paraba en la ruta subían vendedores ambulantes y más pasajeros. Entre ellos, algunas mamás con sus hijos en la espalda. ¿Debía cederles mi asiento? ¿Y viajar parada cuatro horas? Le di muchas vueltas al tema sin resolverlo. Al final,  decidí dejar que los locales se autorregularan solos. De todos modos, al rato descubrí que muchos de los que viajaban de pie hacían trayectos cortos.

Si bien eso me tranquilizó y milagrosamente no extrañaba la falta de un baño, todavía faltaba bastante cuando la cantidad de gente, las paradas constantes, los vendedores ambulantes y la música fuerte me hicieron desear llegar de una vez. Deseo que, como era previsible, se cumplió a las tres horas y media de salir de Quito.

Baños 

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13. De vuelta en Quito

Si nos atenemos al principio de que la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta, para ir de Cuenca a Baños no tiene sentido pasar por Quito. Pero, en la vida real no hay un bus directo que las una. La idea de estar haciendo combinaciones en la ruta, cargando todo mi equipaje me desanimaba. Decidí que lo más sencillo era volar a Quito, tomarme un taxi en el aeropuerto hasta la Terminal Terrestre sur y ahí buscar un bus que fuera a Baños.

Volví con el vuelo de Aerogal del cual desconfiaba por lo barato. Pero, tal como sucedió la ida, la atención fue impecable y en media hora estábamos aterrizando en Quito. Salí del aeropuerto, subí a un taxi y me trencé en un discusión con el taxista. Según él, el viaje hasta la Terminal sur salía veinte dólares. Según mi guía turística, doce. Al final me ganó por cansancio y una hora y veinte dólares después estaba en la estación de buses.

Mi plan era:

  1. Encontrar las boleterías.
  2. Sacar el pasaje.
  3. Pasar por baño (el viaje dura entre tres y cuatro horas).
  4. Subir al bus.

Parecía muy simple, pero luego de dar vueltas y vueltas, admití que estaba perdida y le pregunté a un guardia de seguridad cómo llegar a las boleterías. Me dijo que me convenía buscar el andén de donde salía el servicio a Tungurahua y preguntar si me podían cobrar directamente arriba del bus.

Seguí sus indicaciones. Aceptaron sin problemas que pagara en el bus, entregué el equipaje y subí y me instalé cómodamente.

Entonces recordé que no había ido al baño.

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12. Parque Nacional Cajas

Último día en Cuenca. Estaba esperando que me pasaran a buscar de Expediciones Apullacta para hacer la excursión al Parque Nacional Cajas cuando escuché mi nombre en la recepción. Me presenté al guía, quien después de saludarme, me comentó que esperaba encontrarse con una turista rusa.  No, me reí, mi apellido es ruso pero yo soy argentina. Podemos hablar en español.

Se quedó mirándome de manera extraña.
- Le quería avisar que para hoy usted fue la única en contratar el tour al Cajas.
- Y eso, ¿qué significa? ¿Se suspende?
- No, no, pero como va a estar usted sola, vamos a ir en un auto y yo voy a hacer de guía y chofer.
- ¿y eso pasa muy seguido?
- Casi nunca, quizás una vez por año.
- Entonces tuve suerte al conseguir un tour personalizado.

Por supuesto que mi frase anterior fue un alarde de optimismo. No estaba muy segura de preferir pasar el día a solas con el guía. Dependiendo de cómo nos lleváramos podía ser muy bueno… o muy malo.

El Parque Nacional Cajas tiene más de doscientas lagunas.

Trepar por los senderos del parque a más de 4000 metros de altura se me hizo muy duro. Al final el estar sola con el guía resultó muy bueno porque cuando las palpitaciones y la falta de aire me impedían seguir, le podía pedir que paráramos unos minutos. Cuando dejaba de sentir que iba a morir, seguíamos. Mi atención esta puesta en no resbalarme, no caerme, no tener un infarto. Cada tanto levantaba la vista y me daba cuenta de que estaba en medio de un paisaje maravilloso, pero en aquel momento mi supervivencia inmediata me parecía más importante.

De vuelta al hostal me puse a preparar las maletas. Al día siguiente volvía a Quito y de ahí a Baños.

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