Archivo mensual: marzo 2010

Julia y el cangrejo

Hace unos días estuve viendo una entrevista extraordinaria al Dr Reinaldo Chacón. Probablemente, Chacón sea el oncólogo más respetado de la Argentina y escuchándolo hablar no es difícil imaginar las razones.

Último aviso para cancerofóbicos: dejen ya de leer este post. Fin del aviso.

Continúo. Verlo a Chacón me hizo recordar a una paciente de muchos años atrás. Para ese entonces, yo trabajaba en un centro de atención primaria que funcionaba en un chalet del conurbano. Julia me veía cada tanto para su control anual. En una de esas visitas me comentó que sentía dolor en las mamas. No sé que me llevó a pedirle una mamogafía. A los treinta y siete años, no llegaba a la edad recomendada para iniciar el rastreo de cáncer de mama. Además de que el dolor de mamas no suele significar nada más que la molestia en sí.

El caso es que me trajo la mamografía que  le pedí una mamografía. Me la trajo y  se veía una imagen dudosa en una de las mamas. Creo recordar que el radiólogo sugería una biopsia de la zona, por lo que la derivé a un especialista en Patología Mamaria en otro centro.

Al tiempo, volvió para contarme que el mastólogo le había hecho más estudios de imágenes sobre esa zona, que no se tocaba ni se veía por ecografía, y le había dicho que solo correspondía seguir controlándola. Todo hubiera seguido así, si no fuera porque, inesperadamente, Julia tuvo una falla ovárica prematura y dejó de menstruar. Al haber quedado en menopausia a los treinta y siete años, era necesario iniciar una terapia hormonal. Las hormonas femeninas no provocan cáncer de mama, pero si existe pueden promoverlo. Por eso, es de rutina asegurarse que no exista ningún problema previo de las mamas antes de iniciar el tratamiento. Le mandé una nota al mastólogo para que definiera el tema.

Al tiempo, Julia volvió con la noticia de que le habían hecho una biopsia y que la zona sospechosa había resultado ser un cáncer. Sin embargo, eso no era lo peor. El informe también decía que de los ganglios extraídos en el vaciamiento axilar, había diez que ya tenían metástasis. Julia había recibido la noticia con aparente calma y enorme ecuanimidad. Pidió una segunda opinión al Dr Chacón (por eso al verlo en la entrevista, me acordé de ella). Volvió de la consulta con Chacón encantada con él. Me dijo que “le explicó todo” y que, aunque había esperanzas con el tratamiento, el pronóstico era bastante desalentador. Julia, tenía dos hijos chicos, creo que todavía en el jardín de infantes. Ese día se despidió diciéndome: “Solo quiero poder vivir unos años más, hasta que mis hijos sean un poco más grandes”.

Su caso nos movilizó muchísimo. Era joven, tenía hijos chiquitos, nos identificábamos con ella… Durante el año siguiente, cada vez que la veíamos, nos conmovía al punto de costarnos contener el llanto.

Un día dejó de venir. Claro que al principio no me di cuenta, pero a medida que fue pasando el tiempo y  no la vimos más, asumí que había pasado lo peor. Durante los cuatro o cinco años siguientes, cada vez que me acordé de ella, me respondí con la historia que había construído. En mi imaginación,  Julia había hecho la quimio y  el cáncer había remitido un tiempo. Después habría recidivado y fue empeorando cada vez más hasta que falleció.

Una mañana en el consultorio, recibí la historia clínica de Julia Médici. Mi primera reacción fue: ¡No puede ser ella! Al llamarla, seguía pensando que me había equivocado de paciente, quizás era otra con el mismo nombre…Pero para mi sorpresa, resultó ser la misma Julia de siempre.

Le dije: Hola, ¿cómo estás? Hacía mucho tiempo que no te veía. Mi verdadera pregunta era: ¿Cómo? ¿No era que estabas muerta?, pero hay preguntas que no se pueden hacer 🙂
Julia me respondió, despreocupada: Lo que pasa es que había cambiado de trabajo y tuve otra cobertura médica. Ahora estoy otra vez de vendedora y volví a tener la obra social de los empleados de comercio.

No era imposible que Julia cayera del “lado bueno” de las estadísticas, pero parecía tan poco probable que no lo había considerado. Un tiempo después me fui de ese consultorio y no supe más sobre ella.

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Amanda y yo

– ¡Por fin terminé de escribir Amanda Stein!

Hija Menor aplaude. Seguramente considera que le dedicaba demasiado tiempo.
– ¿De qué se trata Amanda? -pregunta, interesada por primera vez en el tema.
– Amanda es la historia de una chica que busca un novio, -resumo en versión infantil. Pero, a pesar de todas sus aventuras, nunca llega a encontrarlo. Pero sí obtiene algo a cambio.
– ¿Qué? -pregunta ilusionada.
– Un blog.

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Nutrición fantástica

Parece que nos creyeran idiotas. Todos esos productos que compramos porque son ricos, pero cualquiera sabe que no aportan nada. Ahora con la onda de comer saludable, intentan convencernos de que están llenos de propiedades nutricionales.

El jugo Tang y su Frutrición. Mirá, agregar vitaminas sintéticas es barato, pero me cuesta creer que necesito tomar un jugo Tang para evitar el escorbuto o la pelagra. ¡La Coca light! Me encanta y un día me puse a leer lo que dice el envase. Según la etiqueta contiene:

  • 200 ml aportan 0 kcal (es agua con colorantes, saborizantes y edulcorantes, ¿por qué debería tener calorías?)
  • Bajo en sodio (es agua con colorantes, saborizantes y edulcorantes, ¿por qué debería tener sodio?)
  • Contribuye a tu hidratación (es AGUA con colorantes, saborizantes y edulcorantes, ¿cómo no te va a hidratar?)
  • Contiene miles de sonrisas. Debo confesarles que este punto me resulta desconcertante. Los demás se basan en señalar lo obvio, pero todavía no me explico cómo una botella de agua, etc… pueda contener sonrisas (y además, miles) Les prometo seguir investigando.

Realmente me indigna que me tomen por idiota. No necesito que intenten convencerme con argumentos tan elementales ¿Acaso no me creen capaz de racionalizar mis propias justificaciones?

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Gente Normal

 

– Estuve pasando unas horas con Gente Normal y descubrí que no soy normal.
– ¿Acaso no lo sabías?
– Siempre lo supe, pero ahora creo que en una curva gaussiana, estaría a más de tres desvíos standart de la Gente Normal.

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Pedagogía de entrecasa

Después de un intenso episodio de búsqueda contrarreloj, los libros que Hija Menor tenía que devolver a la biblioteca, parecían haber pasado a la Dimensión Desconocida. ¿Dónde los había dejado? Su única respuesta era  Ni idea, hasta que entre mis gritos y amenazas recordó adónde estaban.

Con los libros en la mano le dije sarcásticamente: Ahora te quiero más. ¡Uy! Tantos años leyendo la Ser Padres, para atacar de esa manera la delicada psique de una niña… Por lo cual agregué: Querer te quiero siempre, digamos que ahora me caés más simpática 🙂

Hija Menor me mira y responde: Ya sé que me querés siempre. A veces me querés y otras me querés matar.

¡Qué suerte que lo haya entendido!

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Para Miroslav: Blogger vs WordPress

Miroslav, me preguntás qué ventajas le encuentro a WordPress sobre Blogger como para mudar el blog.
En principio, son bastante parecidos y más que buenos. Se supone que WordPress es mucho más versátil y permite una mejor personalización para quien sepa cómo hacerlo. Como mis habilidades se limitan a escribir en el cuadrito donde dice “Agregar nueva entrada”, no es eso lo que me atrae.

Mi experiencia con WordPress viene de otro blog, que ya no recuerdo porqué, decidí alojar ahí. En ese tiempo dejé bastante abandonado éste y al volver a Blogger para continuarlo, extrañaba algunas características de WordPress.  Así que clickeé en el botón de Importar blog y me mudé. En opinión de alguien que no sabe nada de diseño, lo que me gusta de WordPress es:

Comentarios: WordPress tiene una opción muy interesante: para que un comentario aparezca, el comentarista debe tener un comentario previo aprobado. Esto facilita mucho el manejo de los trolls (que no hay muchos) y del spam (que hay más).
También te muestra el IP de cada comentarista (así me enteré de algunas cosas interesantes…) y tiene un filtro de spam que funciona bien. Creo que olvidé comentarte en su momento, pero yo también sufrí una plaga de spam cuando estaba alojada en Blogger. Encima el blog estaba casi abandonado y eran los únicos comentarios que recibía.
Otra característica que me gusta de los comentarios es la posibilidad de responer a uno en particular, con lo que queda claro si la respuesta está dirigida a esa persona o en general. El nivel de anidamiento es personalizable. Yo lo tengo en 5. Si da para más, la seguimos por mail 🙂 Me gusta cómo se van formando conversaciones de esa manera. Otra ventaja es que si querés corregir algún comentario, se lo puede editar. (No sé si eso cambió en Blogger, antes había que borrarlo y volver a escribirlo).
Algo tonto, pero que me fastidiaba de Blogger,  es que si tenés habilitado la notificación por mail de los comentarios, te avisa cada vez que escribís uno. Como si no supieras lo que acabás de hacer. WordPress no notifica comentarios del autor del blog.

Escritorio: me gusta el escritorio de WordPress. Permite manejar el blog desde una sola página. Agregar/ editar entradas, contestar y moderar comentarios, ver estadísticas.

Estadísticas: WordPress tiene integrado un sistema de estadísticas. Supongo que no alcanza para un blog comercial, pero a mí me sobra para tener una idea de cuántos y quiénes me leen y de dónde vienen.

Puede ser que alguien me diga: ¡Pero eso también lo tiene Blogger! Ya les dije que no soy ninguna geek, quizás no me haya dado cuenta.
También hay un par de cosas que extraño de Blogger. La primera es la forma en que se configuran los blogs favoritos de modo que encabece la lista el que actualizó hace menos. WordPress se limita a ordenarlos alfabéticamente, como hacía Blogger antes, lo cual es aburrido y un poco injusto.

La segunda y mucho más importante, es que la mayoría de los blogs que comento están alojados en Blogger, por lo cual para que aparezca mi firma, tengo que completar el Open ID y asegurarme de estar logeada en WordPress en ese momento. Eso es bastante molesto.

Como verás, mi opinión no se basa en temas técnicos. Al margen de que sé que WordPress ofrece muchas posibilidades de personalización , las que no son obvias, no sé cómo usarlas. En realidad lo elegí  porque me había acostumbrado a ciertas características que Blogger no tiene y no quería renunciar a ellas, pero por supuesto que ambos muy buenos programas.

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Moraleja extraída del cumpleaños de Hija Menor

Cuando vayas a regalar algo feo, chico y que te querés sacar de encima, dejá el regalo sin identificación. En estos casos, una hermosa tarjeta de felicitaciones sobra.

Corrés el riesgo de que la madre de la cumpleañera vaya el negocio para cambiarlo (¡por cualquier cosa, por Dios! Siempre va a ser mejor que eso) y allí le digan con un gesto de desprecio:

¿Eso? Sí, es de acá,  pero hace un montón que no lo trabajamos. Imposible hacer el cambio

Y ella va a saber de quién vino el regalo. No te conviene, creéme. Puede tentarse y en lugar de donarlo a la iglesia, volver a regalárselo a tu hija en su próximo cumpleaños.

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