Archivo de la categoría: Mis fotos

Maridaje II

Segunda parte: Salta

Cachi 

Ana y yo en las Salinas Grandes

Ruinas de Tastil

Camino a Cachi

Más fotos de Salta y Jujuy

Ya contaba con la respuesta perfecta a la pregunta de adónde estaba mi marido. Sin embargo, en Buenos Aires a nadie parece preocuparle el tema por lo que no tuve oportunidad de usarla.

Unos meses más tarde viajé con mi amiga Ana . Pasamos unos imborrables cuatro días recorriendo Salta y parte de Jujuy, hasta que nos tocó volver y llamamos un taxi para ir al aeropuerto.

Detesto a los taxistas que te hablan todo el tiempo y justamente eso fue lo que nos tocó. Comenzó señalándonos algunos puntos turísticos, después nos preguntó qué lugares habíamos visitado,  luego nos hizo una sinopsis de su vida y finalmente nos preguntó desconcertado:

– ¿Y cómo fue que sus maridos las dejaron viajar acá solas?

Fue solo un instante. Creo que ni nos miramos. Probablemente nos hayamos comunicado telepáticamente, pero Ana y yo comenzamos a reírnos y a explicarle al taxista que:  ¿Por qué no? Nuestros maridos nos adoran. Saben perfectamente las joyas que tienen en casa y harían cualquier cosa con tal de hacernos felices.

Esperábamos que se diera cuenta de que era una broma pero, aunque el taxista se rió con nosotras, nos dimos cuenta de que lo había tomado en serio cuando nos dijo que a la vuelta nos íbamos a encontrar con la pila de platos sucios de los últimos días. Nada que ver, contestó Ana. Yo, a mi marido lo tengo muy bien educado.
Al despedirse, nos comenta pensativo: Yo no sé si dejaría a mi mujer viajar sola…

Seguramente esa noche le dijo a su esposa: Los porteños están todos locos. Hoy llevé a dos mujeres que plantaron a sus maridos para irse de viaje.
Y ellos se lo permitieron.

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Mis fotos en Eterna Buenos Aires

La otra vez,  fui tan modesta que no quise compartirlo.  Bueno, a ustedes no les voy a mentir.  La verdad es que cuando me acordé ya había pasado demasiado tiempo. Pero esta vez “tengo el orgullo de anunciarles” que Eterna Buenos Aires, publicó otra de mis fotos sobre la librería El Ateneo Grand Splendid.

Foto 1

Foto 2

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Primera hora de 2011 en Buenos Aires

 

 

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Fin de semana en Montevideo

Primera frase de este post: no viajen por Colonia Express. Tienen tarifas tentadoras y si todo sale bien, uno se siente feliz por haber viajado por menos. Pero si surge algún problema, la empresa no tiene ningún respaldo. Así fue como, en lugar de llegar a Montevideo para almorzar, terminamos arribando a las 17.30.

Llegamos ilusionadas a la terminal para enterarnos que el barco de las ocho no iba a salir. Después mi amiga y yo nos enteraríamos, vía Facebook, que el viernes tampoco hubo servicio y que habían tenido a los (presuntos) pasajeros esperando cinco horas hasta decirles: “Adiós, vuelvan a sus casas”. El sábado ya estaban mejor organizados. Separaron a los que tenían reserva de hotel de los que no. A los últimos les devolvieron el dinero, les dieron un beso en la frente y los mandaron de vuelta a disfrutar del fin de semana en Buenos Aires. A los afortunados que teníamos hotel reservado en Montevideo, nos prometieron mandarnos por Buquebús.

Consiguieron un colectivo 168 fuera de línea y con eso nos llevaron a Dársena Norte. Después de un tiempo en la terminal de Buquebús, nos enteramos que íbamos a zarpar en el buque de las 9.30 hs. Que era el Eladia Isabel, que no cruza el río en una hora como el viaje que teníamos contratado, sino en tres. Tres horas que por las malas condiciones metereológicas fueron más de cuatro. Por suerte, el Eladia Isabel tiene el mejor duty free. Compensó un poco lo movido y largo del viaje. No los quiero aburrir, pero cuando llegamos a Colonia, tampoco había micros para trasladarnos a Montevideo. Finalmente, aparecieron. Subimos, nos quedamos profundamente dormidas y en algún momento llegamos a Montevideo. En fin, son las cosas del viajar 🙂

Les dejo algunas fotos del fin de semana.

Angelitos en la Plaza Independencia

 

Mercado del Puerto

Comiendo rabas en el Mercado del Puerto

Pescadores en la Rambla

 

Mujer dormida sobre las piedras

 

El Río de la Plata

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Librería El Ateneo Grand Splendid

Considerándome ya completamente recuperada, decidí que una hermosa manera de festejar mi regreso al mundo de la Gente Sana y Feliz, era concretar de una vez mi postergada excursión fotográfica a la librería El Ateneo Grand Splendid. Porque ir, voy seguido. Pero a leer tirada en los sillones, nunca con la cámara.

Esta librería, considerada entre las más hermosas del mundo, funciona en el edificio del antiguo teatro Grand Splendid. Después de haber estado un tiempo cerrado, se lo restauró y adaptó como librería, conservando la arquitectura original en cuanto fuera posible.

Sobre el antiguo escenario funciona un café. Esto es parte de lo que se puede ver por encima del telón.


Estos son los palcos superiores al lado del escenario.

Hacia los costados del escenario, un cartel nos invita a pasar

 

El camino conduce a los palcos inferiores, uno de los sitios de la libería con sillones para leer.

 

Porque hay mucho para leer, desde la Biblia hasta el calefón. O mejor dicho, desde filosofía hasta astrología. En el fondo se puede ver parte del café del escenario.

 

Si sacamos la vista del libro que pensamos leer ahí y no comprar, podemos ver…

Angelitos con decoraciones navideñas

 

Algunos detalles del fresco de la cúpula

En la escalera que lleva al primer piso, encontré esta lámpara. Si se fijan, las sombras superiores parecen dos pájaros enfrentados.

 

En el primer piso se está exhibiendo una muestra de retratos de Sara Facio.

 

Pero claro, no todo es arte en la vida. También existe el mundo material:

Pagar

Y comer

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Notas de color

Con la sanción de la ley de matrimonio homosexual, estoy esperando ver las notas sobre la pareja de lesbianas de ochenta años contrayendo, ¡por fin! su tan anhelado matrimonio, así como la alegría de los cinco hijitos testigos de la boda de sus papis (o mamis, no seamos sexistas).  Cuando sancionó la ley de divorcio, yo miraba más tele y me encantaba ver a los ancianos que iban felices  a casarse, alguno ya en silla de ruedas.

Por otra parte, ¡cuánto sufrimiento inútil! Mis tíos se “casaron” vía Paraguay, cuando yo era una nena que iba a la primaria. Mi tío era separado y cuando por fin la ley los habilitó para casarse, yo fui testigo de la boda. En el libro del Registro Civil, tuve que llenar la casilla Profesión. Puse médica.

Tanto tiempo había pasado…

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Volar

Hace unos meses tuve un dilema de aquellos que ojalá se presentasen más seguido. Tenía  puntos en la tarjeta para canjear por pasajes aéreos antes de que vencieran. ¿Dónde ir? ¿Qué hacer? En un previsible final feliz,  Hija Menor  y yo nos tomamos un avión a Bariloche.

Nos alojamos en un hotel a orillas del Lago Nahuel Huapi. Me habían dicho que en mayo y junio llovía mucho y no nos sorpendió el mal tiempo.

Las rosas del hotel

El hotel estaba a orillas del Lago Nahuel Huapi. Podíamos verlo desde el dormitorio y el living. Por un camino de piedras se podía bajar hasta el lago.

El lago permaneció inmutable durante el debut del equipo argentino en el Mundial.


Decidimos ir a Bariloche porque Hija Menor quería conocer la nieve. Todavía no había nevado en la ciudad, así que subimos al Cerro Catedral. Nos tocó un día con temperaturas bajo cero…

Cuando salimos del refugio, nevaba y el viento hacía que la nieve golpeara y encegueciera. No teníamos ropa térmica y descubrí que mi vestimenta usual, por más que tuviera puesto todo junto, no alcanzaba. Junté algo de nieve que nos arrojamos durante unos segundos. Solo los necesarios como para que Hija Menor no me pudiera reprochar durante el resto de su vida que no la dejé hacer una batalla de bolas de nieve.

Huí raudamente hacia el refugio, donde todavía hacía demasiado frío para mi gusto. Después de un rato, bajamos y buscamos un lugar donde calentarnos. En la base del cerro llovía intensamente, pero encontramos una casa de té donde tomamos chocolate caliente hasta que nos pasaron a buscar.

Al día siguiente, navegamos en el Victoria Andina por el lago Nahuel Huapi. No podíamos dejar de ir al Bosque de Arrayanes y ver la Casa de Bambi (la leyenda dice que Walt Disney se inspiró en ese lugar para crear el bosque de Bambi)

En el barco nos dijeron que el lago refleja los colores del ambiente.

Gris nublado

Un tono de verde por la vegetación de la Isla Victoria

Otro tono de verde

Último día en el cerro Otto. Antes de ir al aeropuerto, almorzamos en la confitería giratoria. El sector de las mesas da una vuelta completa cada veinte minutos mostrando este paisaje.

Finalmente, la vuelta. Cargando las piedras que Hija Menor había recogido de la orilla del lago y variadas formas de chocolate: trufas, en rama, noventa por ciento de cacao, figuras de ositos…

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